Entre Cusco y Machu Picchu, el río Urubamba abre un valle fértil que los incas consideraban sagrado. Aquí están ciudadelas con andenes como Pisac y Ollantaytambo, los andenes circulares de Moray —un laboratorio agrícola inca— y las Salineras de Maras, trabajadas aún hoy por familias locales.
También es el mejor lugar para empezar tu viaje: es más bajo que Cusco (unos 2,900 m), tiene excelentes hoteles y conecta en tren con Machu Picchu.